SENDERO ASOMADILLAS-RÍO HOZGARGANTA
Jimena de la Frontera (Cádiz)
Por JOPAL
Pues como ya dije en el anterior reportaje, el 1 de junio estuvimos en Jimena de la Frontera (Cádiz) para hacer otros senderos por el Parque Natural de Los Alocornocales.
Habíamos quedado en la puerta del camping con Antonio, Amparo, Juan y Mari. Ellos venían desde Sevilla, para lo cual salieron poco antes de las siete y media de la mañana; nosotros, como estábamos en la cercana Castellar de la Frontera, lo hicimos sobre las nueve y cuarto con tiempo para desayunar por el camino.
A las diez y cuarto nos juntamos en el camping y después de ponernos las botas nos fuimos al comienzo del sendero Ubrique-Asomadillas, justo a cien metros del camping, junto a la carretera de Ubrique, en dirección cotraria a Jimena de la Frontera.
Habíamos quedado en la puerta del camping con Antonio, Amparo, Juan y Mari. Ellos venían desde Sevilla, para lo cual salieron poco antes de las siete y media de la mañana; nosotros, como estábamos en la cercana Castellar de la Frontera, lo hicimos sobre las nueve y cuarto con tiempo para desayunar por el camino.
A las diez y cuarto nos juntamos en el camping y después de ponernos las botas nos fuimos al comienzo del sendero Ubrique-Asomadillas, justo a cien metros del camping, junto a la carretera de Ubrique, en dirección cotraria a Jimena de la Frontera.
Allí, junto al cartel que da los pormenores del sendero, empezamos a caminar por una calzada empedrada que iba subiendo poco a poco.
Pronto ganamos altura y vistas sobre el castillo de Jimena de la Frontera. También se veía la cubierta de la piscina del camping, que desde lejos daba la impresión de una nave o almacén agrícola.
El tramo empedrado tiene una longitud aproximada de un kilómetro, después se convierte en un sendero normal que continúa subiendo.
Después de un ratillo pasamos entre dos muretes de piedra y bajamos un poco, hasta una pista.
Pero antes de llegar a ella tenemos que pasar una cancela que dejaremos cerrada.
Frente a ella hay un poste de señales que nos dirige hacia la derecha.
Pero en muy pocos metros tenemos que pasar por otra cancela que está a la izquierda, ya que de frente está la puerta de una finca.
No hay problema porque un poste, con las marcas del GR-7, nos indica esa dirección. Ahora tenemos que subir unos metros por la ladera del monte.
Pero no apurarse porque la subida es corta, pronto encontramos una pista forestal a nuestra izquierda con unos hitos de piedra. Por allí nos metemos y abandonamos el sendero que va a Ubrique (el antiguo Camino de Sevilla).
Esta pista desemboca en otra más importante. Vamos por el buen camino, un poste baliza así nos lo indica.
Pasamos junto a un representante del ganado retinto que nos observa atentamente. Que no cunda el pánico.
Volvemos la vista y tenemos hermosas vistas de Jimena de la frontera y de los pinares de pino piñonero que estamos atravesando.
El camino sigue bien señalizado, cuando no hay postes hay flechas verdes sobre las rocas.
La pista nos conduce al Mirador de las Asomadillas que está un poco a la derecha de la misma, poco antes de llegar a un gran portalón.
El mirador está construido sobre una plataforma que se apoya sobre unas rocas. Es necesario subir unos escalones.
Desde arriba tenemos unas hermosas vistas del valle del río Hozgargante, afluente del Guadiaro y uno de los pocos ríos vírgenes que quedan en Andalucía. El poniente sopla un poco y hay que sujetarse el sombrero.
Nuestro sendero nos llevará ahora bajando hacia el río, pero antes tendremos que cruzar la carretera al otro lado.
Vamos bajando por un empiando senderillo que se acerca rápidamente a la carretera.
Encontramos una seta que parece una pelota de golf olvidada en medio del monte.
Atravesamos por una portilla la valla de alambre que corre al borde de la carretera y luego cruzamos ésta en línea recta. Antes, el sendero discurría por la carretera durante unos 500 m, se ve que han corregido este incoveniente por el peligro que conlleva con tantas curvas y la carencia de arcén.
El sendero sigue bajando hacia el río por una zona arbolada muy bonita. Sigue tan bien señalizado como antes.
A todos nos está encantando este sombreado sendero, los pinos siguen siendo los protagonistas.
Salimos a otra pista, otre poste baliza nos sigue marcando el camino.
En un cruce de pistas vemos un hito sobre una gran roca, por si fuera poco la flecha verde está pintada sobre otra a la derecha. Seguimos bajando, el río está muy cerca.
Y llegamos a la orilla. Estamos en el tramo medio de este río que tiene un recorrido de 35 km.
Allí hay un cartel que nos cuenta cosas de este río, como que no está regulado por ninguna presa y que tiene una gran riqueza biológica. Esta ausencia de regulación es la causante de que carezca de bosque de ribera, ya que las grandes avenidas arrancan cualquier arbolillo que pudiera crecer en sus orillas. Sólo aguantan las robustas adelfas y otros matorrales. Pasamos por otra cancela.
Y llegamos al borde del río y nos preguntamos por dónde lo vamos a travesar, ya que aquí hay un gran remanso.
Tranaquilos, hacia nuestra iquierda encontramos cerca una pasarela hecha a base de bloques de hormigón que está en muy buen estado, se nota que es nueva. Antes existía aquí un puente colgante que se llevaría una fuerte avenida, supongo.
Por allí atravesamos el río, entre adelfas que están en flor. En este lugar se incorpora al Hozgarganta la Garganta de Gamero.
Doy unos pasos hacia la derecha para echarle un vistazo a la Garganta de Gamero que trae muy poca agua.
Después vuelvo a donde crucé para retomar el sendero que va por la orilla derecha del río en dirección a Jimena de la Frontera.
El sendero es muy entretenido y bonito. Poco a poco va ganando vistas sobre el río.
De vez en cuando hay que parar para sacar la cámara y tratar de grabar lo mejor posible lo que vemos.
Que casi siempre sólo es un pálido reflejo de la realidad. Por lo menos te sirven para recordar.
Junto a la orilla vemos vacas con sus terneros. ¡Qué bonitos los terneritos! ¿Verdad, Charo?
Ahora llegamos a una explanada donde hay un cortijillo y una corraleta donde ladran varios perros. Pasamos junto a unos grandes ejemplares de algarrobo.
Seguidamente tenemos que atravesar otra vez el río por otra pasarela parecida a la anterior, nos vamos a la orilla izquierda.
Ahora vamos por otro tramo empedrado, aunque algo deteriorado. Las adelfas crecen por doquier.
Cruzamos una angarilla, durante todo el sendero nos encontraremos varias portillas.
Y nos encontramos con los restos de un molino, en el tramo que resta habrá más.
Seguimos caminando junto al río y ya vemos otra vez el castillo de Jimena de la Frontera.
Llegamos a una zona donde hay un prado y el río se ensancha. Este sendero está próximo a su fin.
Llevamos tres horas y cuarto caminando y es el momento de hacer un picnic, cada uno saca lo que tiene y lo compartimos entre todos a la sombra de un acebuche.
A la izquierda sale una pista que sube a las proximidades del camping donde finaliza este sendero; pero también es el cominzo del otro, el sendero del río Hozgarganta. Así que seguimos por la orilla.
Nos encontramos un cartel que nos da información sobre el funcionamiento de los antiguos molinos, hoy ya arruinados y en desuso.
El sendero va labrado en la misma roca, es un tramo muy bonito del río.
El río se encajona y tiene bastante profundidad.
El camino sube por unas grandes rocas y tiene tallados los escalones. Se notan rehundidas las huellas de los pies. Cuantos molineros habrán pasado por aquí.
Nos encontramos un camino empedrado que sube a nuestra izquierda, es la vereda de la Encubierta, otra posibilidad para acceder al sendero desde el pueblo o para abandonarlo. Nosotros seguimos junto al río y pasamos por una casa llamada El Manantial que tiene un pequeño y bello jardín botánico. Pasamos otra cancela.
Entramos en una pista accesible a vehículos y , como es domingo, muchos domingueros comen a la sombra de los árboles en las orillas del río. Algunos traen cacharros tan estrafalarios como este.
Y llegamos al cao (canal) de la Real Fábrica de Artillería. Es conocida como la "fábrica de bombas" porque durante unos años del siglo XVIII fabricó munición para el cerco de Gibraltar aprovechando que se había descubierto una mina de hierro en el cercano pueblo de San Pablo de Buceite. El mineral resultó ser de mala calidad y el caudal del río sufría fuertes estiajes, por lo que la fábrica cerró y se aprovechó como molino.
El canal tiene una longitud de 650 m y todavía es una obra impreionante. Está realizada con bloques de arenisca y a veces va tallado en la misma roca. La fuerza del agua era utilizada para mover los fuelles de la fundición.
Encontramos un cartel algo deteriorado que nos da información de esta obra del tiempo del rey Carlos III.
Y siguiendo el canal el sendero llega a su fin, a lo que fue el Molino del Rodete y las casas más bajas del pueblo donde viven muchos extranjeros de procedencia anglosajona. ¡Qué bien se conocen los mejores sitios! Este punto está marcado con un cartel y también se puede empezar el sendero desde aquí.
Al llegar a la calle Pasada de Alcalá, en vez de subir directamente al pueblo, bajamos hasta el puente para despedirnos del río.
Al asomarnos comprobamos la pureza de sus aguas viendo los peces, las evoluciones de una culebra de agua y un grupo de grandes galápagos que nadan a sus anchas…
…o disfrutan del sol sobre las rocas.
Ahora viene precisamente la parte más "dura" de toda la ruta, curiosamente las peores cuestas están en el tramo urbano.
Las calles de Jimena de la Frontera están muy cuidadas y adornadas sus casas con muchas flores.
Vamos subiendo hacia el castillo porque no queremos irnos sin visitarlo, la calle Consuelo se debería llamar Desconsuelo, ¡vaya cuestón!
Estamos ya muy cerca del castillo cuando nos dicen que hay un bar a 50 m. ¡Pies para que os quiero! Llegamos al bar España y nos tomamos una cervezas fresquitas que saben a gloria, todavía más, sentados en su terraza que tiene unas vistas excelentes delante nuestra: Sierra Crestellina de Casares, Sierra Bermeja, el Hacho de Gaucín…
Y repuestos y reconfortados nos vamos al castillo de Jimena que en su mayor parte data de los siglos XIII y XIV, aunque sobre restos anteriores. Fue un importante bastión del reino Nazarita de Granada por estar en su frontera.
Entramos por una hermosa puerta con arcos de herradura que aprovechó restos romanos, ya aquí estaba la antigua Oba, al parecer de origen fenicio, aunque fueron los romanos los que le dieron importancia por su carácter estratégico.
El alcázar fue muy modificado después de su conquista cristiana en 1456, está separado del resto del castillo por un foso. La torre del homenaje es circular y oculta en su interior otra de traza poligonal más antigua.
Nos hicimos la foto de grupo en la parte más alta del castillo, junto a la torre del homenaje, ya que a ésta no se podía subir.
El pueblo de Jimena de la Frontera se veía desde arriba del castillo como un conjunto arracimado de casas blancas donde destacaba el campanario de la antigua iglesia de Santa María La Coronada. Afortunadamente, tal vez por su difícil acceso, parece que se ha salvado de momento de la especulación inmobiliaria.
En un extremo del castillo está el cementerio del pueblo, entre éste y el alcázar se consevan unos grandes aljibes de época musulmana.
Después de visitar el castillo emprendimos el regreso al camping atravesando todo el pueblo. El último tramo es por carretera, pero se puede evitar por un senderillo paralelo que pasa por el mirador de la Cruz Blanca.
En el bar del camping dimos por terminada esta ruta, de unos 15 km y 375 m de desnivel, tomando unas tortas fritas con miel (a mí me parecieron que eran buñuelos de viento) que estaban muy buenos.
Hasta otra.
Hasta otra.




































































